En mi caso, el proceso comenzó con una prueba que abarcaba física, matemáticas y conocimientos básicos. Después, tuve una entrevista con alguien del equipo de recursos humanos, quien se centró en estudiar mi perfil y en explicarme las implicaciones que tendría el puesto, especialmente en cuanto al distanciamiento con mi familia y las exigencias propias de trabajar en campos petroleros.
Posteriormente, me invitaron a un proceso de evaluación en el campo. Me llevaron a una de sus bases operativas para explicar con más detalle en qué consistiría el trabajo. Allí, realizamos más pruebas, trabajando en equipo y evaluando nuestras respuestas bajo presión, así como nuestras habilidades de liderazgo. Incluso tuvimos la oportunidad de compartir una cena distendida, donde observaron nuestras interacciones sociales en un ambiente relajado, con comida y algo de alcohol.
Este proceso duró alrededor de tres días, si mal no recuerdo. Después de eso, regresé a mi ciudad y esperé. Una semana más tarde, recibí una propuesta que acepté, y así inicié el proceso de incorporación a mi nuevo cargo. Fue un proceso bastante completo, pero muy positivo, ya que permitió tanto a la empresa evaluar mi perfil como a mí tener una idea más clara del tipo de ambiente en el que estaría trabajando.