El proceso de entrevistas se desarrolló a lo largo de aproximadamente dos semanas y estuvo bien estructurado. En total realicé seis entrevistas: tres con el equipo de Recursos Humanos, dos con quien sería mi futura responsable (una de ellas como ejercicio práctico basado en un caso real) y una con un miembro del equipo directivo.
Durante todo el proceso, la comunicación fue rápida y clara. El equipo respondió con agilidad a los correos y mostró flexibilidad a la hora de organizar las entrevistas. En ese momento yo tenía un viaje planificado y me ofrecieron la posibilidad de continuar el proceso a mi regreso. Finalmente, por decisión propia, realicé dos de las entrevistas durante mis vacaciones.
Las entrevistas incluyeron preguntas sobre mi experiencia profesional previa, los idiomas que utilizo en mi trabajo y mi forma de afrontar distintas situaciones. También hubo preguntas orientadas a conocer mi perfil personal y mi manera de trabajar, además de un espacio para explicar mi trayectoria profesional en cada una de las entrevistas.
Aunque el proceso incluyó varias entrevistas, estuvo orientado a conocer a la persona candidata más allá de su experiencia profesional. Las preguntas permitieron profundizar en la forma de pensar, la manera de comunicarse y cómo afrontar distintas situaciones, no solo en los conocimientos técnicos. Este enfoque estuvo presente de forma constante a lo largo del proceso.